jueves, agosto 16, 2012

La Bendición de un Año Más...


Dicen que el día del cumpleaños marca un nuevo comienzo, una oportunidad fresca, un ciclo que se abre. No solo se trata de cambios físicos, sino de transformaciones más profundas, casi del alma. En los últimos años me he descubierto más sensible, más agradecida y al menos lo intento; menos quejosa. Hoy recibo con los brazos abiertos este nuevo comienzo y me prometo exprimir cada segundo que la vida me regale.

Ayer comenzó mi año personal, cargado de alegrías, satisfacciones, bendiciones y también de sueños, propósitos y deseos que me acompañan como brújula.

Un amigo me envió por mi cumpleaños una Bendición Celta. Me pareció tan hermosa que sentí la necesidad de compartirla, como un regalo que no debe guardarse solo para mí.

“Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.
Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente.
Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que vivas cien años, o más.
Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño.
Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para consolarte, aquellos a quienes amas cerca de ti, y todo lo que tu corazón desee!
Que Dios esté contigo y te bendiga.
Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles."

GR - Pana 2012

martes, agosto 14, 2012

Irina Darlée


El amor por la lectura lo heredé de mis padres. Desde que tengo memoria los vi devorar libros. Mi madre aprovechaba cualquier oportunidad para regalarme un libro de poesía o de autoayuda. No sé si era una indirecta para trabajar en mi autoestima, pero gracias a esos gestos descubrí el romanticismo, el drama del amor no correspondido y la curiosidad constante por el autoanálisis y por esa palabra escurridiza que llamamos felicidad.

También recuerdo que siendo muy niña, me fascinaba leer la columna de una periodista y escritora europea que se afincó en Guatemala en los años setenta. Durante veintidós años escribió, semana tras semana, en uno de los periódicos más importantes del país. Por un tiempo llegué a coleccionar sus columnas. Todas eran autobiográficas, melancólicas y al mismo tiempo salpicadas de ironía.

A mis treinta años tuve la oportunidad de conocerla. Estaba emocionadísima, la había leído y admirado desde hacía tanto. Pero aquella noche, en la presentación de su último libro, algo ocurrió, un detalle que hoy mi memoria ha borrado y no logré acercarme a saludarla. Días después, me enteré por los medios de su muerte. Recuerdo haberla llorado como se llora a una abuela. Tal vez porque sentía que la conocía, y porque no me perdoné no haberle dicho personalmente cuánto la admiraba.

Por eso decidí rendirle una especie de homenaje al comenzar este blog, porque leyendo sus columnas termine de enamorarme de los libros y las novelas. Gracias a ella descubrí ese mundo fascinante de la lectura que nos permite soñar, viajar y vivir muchas vidas en una sola.


Irina Darlée
Entrevista en la presentación de su último libro “Memorias de un Vago Ayer”.

Soy bastante optimista, enamorada de la vida en sí. Tengo amigos de hace 300 años, los clásicos. Tengo mucho amor por la naturaleza y aquí hay mucha todavía. Además, no me gusta la improvisación, ni los cambios bruscos, prefiero todo lo tradicional.

Yo cuento las cosas tal como las veo o tal como me lo dicta mi memoria sin tomar una sola nota. Antes escribía mucho en el asiento de un avión o en el lugar de los hechos, ahora escribo sin viajar a ninguna parte y comento los eventos, las tertulias o las fiestas cuando llego a casa. Necesito tranquilidad, y solo yo y mi máquina de escribir eléctrica, recordamos en silencio el mundanal ruido.

La memoria personal o individual del escritor adquiere un sentido social a través de su lenguaje y así su experiencia personal se convierte en colectiva, en una conciencia o experiencia de muchos.

“Somos el tiempo que nos queda y que nos hace lo que somos”

   Irina Darlée 1921/2008

Diez Mujeres



Diez Mujeres, de la escritora chilena Marcela Serrano, llegó a mis manos una tarde de sábado mientras caminaba por la zona de restaurantes de mi ciudad. Buscaba, como siempre, un rincón acogedor donde leer con calma, tomar un trago y disfrutar de mi propia compañía.

Muy cerca había una librería y decidí darme un regalo. Cada vez que entro a una me sucede lo mismo, la emoción me oprime el pecho y quisiera llevarme veinte libros a casa. Luego recuerdo la pila que me espera en mi mesa de noche, pacientes, aguardando su turno. Aun así, ese día quise sumar uno más a mi colección para estrenarlo de inmediato, y Diez Mujeres se cruzó en mi tarde de antojos.

El libro cuenta la historia de nueve mujeres y su terapeuta, quien un día decide reunirlas para compartir sus vidas. La idea me pareció fascinante. No me encantó la estructura, porque la autora presenta cada relato como un monólogo en lugar de entretejerlos, pero aun así he disfrutado cada testimonio. Y es precisamente de uno de ellos que quiero contarles hoy.

Simona, una mujer de sesenta y un años, intenta rehacer su vida después de un divorcio. Sabe que su exesposo fue y seguirá siendo el gran amor de su vida, aunque su relación estuvo marcada por los altibajos y la pasión desbordada. Casi al final de su relato describe con una serenidad conmovedora cómo ha aprendido a disfrutar su soledad. Leyéndola, sentí que podía transportarme a esa calma suya, a esa vida en exilio autoimpuesto que no suena a renuncia, sino a redescubrimiento. Quise compartirlo porque, de alguna forma, también me habló a mí.


 “... Necesitaba un inmenso horizonte, necesitaba el mar. Y el minimalismo. Hacer la carga más liviana. Supongo que esa línea simple y eterna que da el horizonte al océano me marcaba un camino. Una acumula muchas cosas en cincuenta y siete años, desde muebles hasta relaciones.  Desde conocidos que pasan por amigos hasta adornos en las mesas. Decidí despojarme.
Me compre un departamento en la playa mas linda de Chile.  No quería una casa, ya no estaba para esos trotes…
Me gusta mi nuevo hogar. Lo miro largamente – me he puesto contemplativa con los años – y le doy connotaciones fantasiosas según el día. 
Me hago cargo de mi misma y siento que es la primera vez. Todo esta en mis manos.

Cuando me da lata cocinar como pan y queso – mi comida preferida, siempre con una copa de vino tinto –. Hay atardeceres en que me instalo en mi terraza con un trago en la mano a no hacer nada.  Solo miro.  Reitero, me he vuelo contemplativa.  La inacción me atrae y eso me resulta nuevo.  He aprendido a meditar, lo hago con disciplina cada día y el resultado es inesperadamente positivo. ¿Cómo no aprendí antes?

Las mañanas son muy productivas, amanezco enérgica e inteligente porque he descansado bien.  Me gustan las mañanas y, cuanto más invernales, mejor. La lluvia es mi situación climática preferida. Su sonido antiguo me resulta musical. No es que me guste mojarme o caminar bajo ella de forma hollywoodense, sino que algo me sucede con la situación de frío afuera y calor adentro, si una está tras el ventanal, lánguidamente envuelta en un throw, abrazando a Bungalow Bill (mi perro) y observando las olas. Nunca soy tan feliz como entonces. Me guardo, me arropo mientras la naturaleza hace de la suyas; quizás este placer tiene que ver con la sospecha de que le he ganado a la intemperie.  Entonces compadezco a todas las mujeres que están vendiendo el alma para sujetar al objeto simbólico. Me dan ganas de gritarles: la vida puede ser plena sin una pareja, ¡basta! 

No estoy sola cuando estoy sola...”

Diez Mujeres, Marcela Serrano

lunes, agosto 13, 2012

Una Nueva Aventura

 



Con el entusiasmo que siempre acompaña un proyecto nuevo, y a dos días de mi cumpleaños, decidí quitarme de encima un pendiente que llevaba demasiado tiempo postergando.

Los cumpleaños nos ponen nostálgicos. En mi caso, esa nostalgia se ha incrementado con los años. Ahora me ha apetece celebrarlo en calma, una buena comida, una copa de vino y la compañía de a quienes quiero; mi familia, mi novio y mis amigos más cercanos.

Mi hermana, que nació apenas cuatro días antes que yo aunque once años después, celebró hace un par de días en una disco de moda, su cumpleaños.  Invitó amigas, conocidos y desconocidos, mientras más, mejor. Ese era mi lema en otra época. Las parrandas hasta el amanecer, las mezclas imposibles de tragos que acababan en abrazos universales, la música de moda y la de siempre. Recuerdo las resacas como parte del ritual, pero también la sensación de haber disfrutado y celebrado con intensidad. Hoy siento tan frescos los recuerdos y tan lejana la experiencia.

Y aquí estoy, regresando al motivo de este blog y a la coincidencia con mi cumpleaños. Cada año, igual que en Año Nuevo, se revisan los propósitos, se replantean los pendientes, siento ganas de reinventarme. Desde hace mucho me debía esto, empezar a escribir. No soy experta ni he estudiado para hacerlo, pero me apasiona compartir lecturas, descubrir lugares, brindar con un buen vino, dejarme conmover por la naturaleza, enamorarme otra vez con un poema o disfrutar mis ratos a solas. De esas pasiones nace este espacio, para contar y compartir lo que los libros, los viajes y un  buen vino despiertan en mí.

Espero disfrutar de esta nueva aventura...