jueves, julio 13, 2017

Necesito...


Hoy me regalo un momento para aquietar mi día agitado, para bajar el ritmo y detener la espiral de pensamientos y emociones que me oprimen el pecho.

Necesito sentirme liviana de nuevo. Estos últimos meses han ido llenando la mochila en mi espalda, hasta volverla tan pesada que ya no me deja avanzar.

Hoy quiero liberarme. Hacer limpieza en mi equipaje y quedarme solo con lo esencial. Necesito ser consciente de mis pensamientos, de mis miedos, de mi cuerpo… y recordar que mi bienestar es prioridad.

Dejo que la fe y la gratitud fluyan, que sean ellas quienes me liberen de la preocupación y la ansiedad.

Calma. Paz en el alma. Es lo único que necesito.

lunes, julio 10, 2017

Viajes en Tren




Vino a mi mente el recuerdo del tren en Guatemala. De niña, mi mejor compañera de viajes era mi abuela materna. Ella y su familia son de un departamento del interior del país, y en esos años el tren todavía funcionaba. Por alguna razón le encantaba hacer ese trayecto largo y cansado hacia “su tierra”, como ella la llama, en aquel único y memorable transporte.

Hoy el tren ya no existe. Solo nos queda como vestigio un museo en el centro de la ciudad, donde todavía pueden recorrerse los viejos vagones y la locomotora original. Vale la pena visitarlo.

Recuerdo aquellas madrugadas, levantándonos temprano para estar en la estación a las siete. Había que llegar con tiempo para conseguir asiento en uno de los primeros vagones. No eran cómodos. Viejas bancas de madera que rechinaban tanto como las vías del tren. Aún guardo en el cuerpo el sonido inconfundible del tren y el vaivén del viaje que duraba ocho horas hasta nuestro destino. Pero el camino se hacía entretenido. En cada estación subían vendedores ambulantes con frutas, dulces o comidas caseras. Yo, por supuesto, aprovechaba para chantajear a mi pobre abuela y probar todas esas delicias. Todavía hoy, ciertos aromas o sabores me transportan de golpe a esos días.

Lo más emocionante era la llegada. Una pequeña estación deteriorada en un pueblo diminuto que ni siquiera aparecía en los mapas. Pero la llegada del tren, sobre todo los fines de semana, era un acontecimiento. La gente se reunía como si fuese una fiesta. Allí nos esperaba toda la familia, emocionada, como si viniéramos de un largo viaje del extranjero. Todos se apresuraban a ayudarnos con las maletas y con los regalos que mi abuela llevaba siempre. Era un recibimiento cálido, alegre; una celebración inolvidable.

Fueron momentos sencillos, familiares, que permanecen guardados en el inconsciente aunque a veces parezcan dormidos. Recuerdos acogedores que, al evocarlos, dibujan una sonrisa y encienden una ilusión en el corazón.